






Cuando comienza un nuevo año, solemos hacernos una serie de buenos propósitos. Pues bien, no solo vamos a iniciar un nuevo año, sino que también entraremos en un nuevo milenio. Por lo tanto, las cosas que nos propongamos hacer tienen que ser muy, muy especiales. Hagamos que este año que inaugura el segundo milenio después de Cristo, marque el principio de una profunda renovación en nosotros mismos y en nuestra vida.
Esta época en la que nos ha tocado vivir es sumamente emocionante, y esta llena de maravillas por descubrir. Cada mañana al despertar agradezcamos a Dios el privilegio de estar aquí, y confiemos en que el futuro de cada uno de nosotros y el del mundo entero serán realmente BUENOS. Hoy nos estamos preparando mentalmente para el mañana. Los pensamientos que tenemos, las palabras que decimos y las creencias que aceptamos configuran nuestro futuro. Así que, prestemos mucha atención a nuestros pensamientos y nuestras palabras, para poder configurar nuestra vida de acuerdo con nuestros sueños.
Las personas que viven la verdad cambian el mundo, y la verdad de nuestro ser es que estamos llenos de amor incondicional, de una extraordinaria alegría y de una serena paz. Estamos conectados con la Sabiduría Divina. Lo único que necesitamos es saberlo y vivirlo. Somos Expresiones Divinas y Magnificas de la Vida. Somos seres maravillosos en un Universo extraordinario, y siempre estamos en un proceso de crecimiento positivo.
Somos personas sanas y vibrantes, rodeadas de una belleza exquisita, teniendo una vida de amor y prosperidad, llena de alegría y risas.
¡DISFRUTEMOS PLENAMENTE DE ESTE VIAJE A TRAVES DE ESTE NUEVO MILENIO!

|
El Instituto de filosofía de Louise L. Hay - Único en Argentina - no dispensa consejos médicos ni psicológicos, ni prescribe el uso de ninguna técnica como una forma de tratamiento para problemas de salud sin el consentimiento y consejo de un médico o profesional de la salud, tanto directa como indirectamente. En el caso que usted utilice cualquier información de éste sitio web para sí mismo, ni Cecilia Tofanari ni Louise L. Hay aceptan ninguna responsabilidad por sus acciones. |